El ‘lazo invisible’ que refuerza el hermanamiento entre La Solana y Riudoms
Aurelio Maroto
La emoción, la memoria y
el orgullo de las raíces marcaron la visita
institucional de una delegación de La Solana
a Riudoms, dos localidades unidas
desde hace décadas por la emigración de cientos de solaneros a Cataluña. La
zarzuela volvió a ser un vínculo evocador gracias a la actuación de la compañía
lírica de la ACAZ, que representó fragmentos de La rosa del azafrán ante
un público entregado y no pocos ojos enrojecidos por la remembranza. En ese
contexto de hermandad, la alcaldesa solanera, Luisa Márquez, protagonizó un
discurso cargado de simbolismo y emoción que evocó la historia común y reforzó
los lazos entre ambos pueblos. Fue cumplimentada por su homónimo riudomenc, Ricard Gili, que ejerció de perfecto
anfitrión para la ocasión.
Márquez comenzó
recordando “ese hilo invisible” que une a ambas localidades, más allá de la
distancia geográfica, gracias al esfuerzo de quienes emigraron en busca de
oportunidades. “Los solaneros somos así:
sacrificio, trabajo, nada se nos pone por delante”, afirmó, en alusión a
una generación que supo construir una nueva vida sin renunciar a sus orígenes.
Esa identidad conjunta fue –subrayó- el germen del hermanamiento iniciado en
1998 y consolidado a través de visitas,
encuentros y gestos de reconocimiento mutuo. La alcaldesa insistió en que
ese hermanamiento “es mucho más que una figura jurídica”, definiéndolo como un vínculo humano, familiar y emocional
que ha perdurado en el tiempo, con nuevos reencuentros como el celebrado en
2015. En ese recorrido sentimental, encontró en la zarzuela La rosa del
azafrán un símbolo
perfecto del alma solanera.
Manos
curtidas y madrugadas frías
Durante su intervención,
apeló directamente a los descendientes de aquellos emigrantes, muchos nacidos
ya en Riudoms, para que se reconocieran en personajes como Sagrario o Juan Pedro, “espejo de nuestros abuelos y abuelas”. En
esa línea, reivindicó el carácter agrícola de La Solana, “pueblo de manos
curtidas y madrugadas frías”, donde la esperanza se siembra cada año en la
tierra. El discurso alcanzó uno de sus momentos más emotivos cuando la
alcaldesa definió La Solana como una experiencia imposible de resumir en
palabras: “Es alma, corazón y vida”,
proclamó, describiendo imágenes como la torre de
Santa Catalina vigilando el pueblo al atardecer o el sabor de su
gastronomía y tradiciones. También agradeció la hospitalidad del municipio
anfitrión y animó a su alcalde a visitar la próxima feria agroalimentaria ‘Saborea La Solana’, “un ejemplo del
vínculo entre tradición e innovación”.
Bajo
el influjo de Gaudí
Ricard Gili recogió el testigo emocional del
acto. Visiblemente conmovido, reconoció haber visto “ojos emocionados” entre
los asistentes, muchos de ellos descendientes de solaneros. En su bienvenida,
la primera autoridad riudomenc destacó que el encuentro no solo servía para
recordar las raíces comunes, sino también para compartir momentos de convivencia y celebración. Gili entregó un
pin institucional con el sol como símbolo de La Solana, un gesto sencillo pero
cargado de significado. Además, avanzó el carácter festivo de la velada, que
continuaría tras la representación con una tradición local: la “Mona de Gaudí”, una figura de
chocolate de grandes dimensiones en honor al insigne arquitecto Antoni Gaudí, hijo de Riudoms.
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