Día de Todos los Santos y de los Difuntos: una tradición viva en España y en el corazón del Campo de Montiel.
Cada 1 y 2 de noviembre, España entera se tiñe de silencio, respeto y memoria. Son los días en los que recordamos a quienes ya no están, manteniendo una de las tradiciones más hondas y universales de nuestro país: el Día de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos.
Un origen entre lo religioso y lo popular.
El 1 de noviembre, la Iglesia católica celebra a todos los santos conocidos y anónimos. Al día siguiente, el 2, se reza por las almas de los fieles difuntos. Pero más allá de lo litúrgico, estas fechas hunden sus raíces en antiguas costumbres agrícolas y paganas ligadas al fin del verano, al cambio de ciclo y al recuerdo de los antepasados.
En los últimos años, estas fechas tradicionales conviven con la popular celebración de Halloween, una costumbre importada del mundo anglosajón que, poco a poco, también ha encontrado su lugar en pueblos y ciudades.
Costumbres que unen generaciones
En todos los rincones de España —desde los pueblos más pequeños hasta las grandes ciudades—, el primero de noviembre sigue siendo día de flores, de cementerios llenos de vida y de familias que se reúnen para honrar a sus seres queridos.
Las campanas tocan lento, los caminos al camposanto se llenan de vecinos y las casas huelen a buñuelos, huesos de santo y gachas dulces, dulces que se preparan desde hace generaciones para endulzar el recuerdo.
Creencias, leyendas y curiosidades
Durante siglos se encendieron velas en las ventanas “por las almas que vagan”, los niños salían a pedir dulces “por las ánimas” y en muchos teatros se representaba el clásico Don Juan Tenorio, símbolo del amor más allá de la muerte.
Cada región conserva sus matices, pero el sentimiento es el mismo: el de honrar la memoria y mantener viva la herencia familiar y cultural.
Mitología Popular del Campo de Montiel (Carlos Villar Esparza):
FINAOS, LOS SANTOS.
Espíritus de los familiares fallecidos, viejos lémures, que salían la noche de los Difuntos, en todos los pueblos del Campo de Montiel. Se les atinaba caminando por los tejados, calles desiertas y rincones a oscuras.
En Torre de Juan Abad, de esa noche, algunos contaron que, al pasar por el cementerio, vieron estantiguas agarradas a las rejas, que lo cierran, increpando a todos aquellos que pasaban de la obligación de cumplir las promesas y el respeto que debían a sus fallecidos. Asimismo alguno de los finados se llegaba hasta las casas y se escondía detrás de las puertas. Así lo contaban las abuelas a sus nietos junto al fuego comiendo los dulces tostones.
Asimismo, los infanteños creían que esa noche: “Se aparecía una persona fallecida y reclamaba una promesa que tenían que cumplir”.
Se recuerda que alguna de estas visiones se la vio: “En la pila del agua bendita o diciendo misa”.
Era generalizada, en toda la comarca montieleña, la creencia que en habiendo muerto, las campanas daban aviso de ello, en el pueblo, no se podía ni debía cocinar ajillo, gachas… pues, el muerto acudía y removía con el dedo las gachas o el ajillo que estaba en la lumbre. Había que retirar a escape el caldero y dejarlo para otro día. Credulidad conservada aún en muchos hogares.
El Campo de Montiel, ejemplo de memoria y respeto.
En el Campo de Montiel, como en tantas comarcas rurales de España, esta fecha se vive con especial devoción. Aquí, el paso del tiempo no ha borrado la esencia de las costumbres: los cementerios se adornan con esmero, las familias se reúnen para compartir recuerdos y el silencio de noviembre se convierte en un homenaje colectivo a los que nos precedieron.
Halloween: la versión moderna de una vieja tradición.
Aunque muchos creen que Halloween es una fiesta moderna, sus raíces son también antiguas y europeas. Procede del Samhain celta, una celebración del fin de la cosecha en la que se creía que los espíritus regresaban al mundo de los vivos.
Con el paso del tiempo, esta costumbre viajó a América y se transformó en la versión actual: disfraces, calabazas, juegos, miedo y diversión.
Hoy, en España, Halloween se celebra sobre todo entre los más jóvenes: colegios, bares y asociaciones organizan fiestas de disfraces, concursos de calabazas y recorridos de terror.
Lejos de sustituir las tradiciones españolas, muchas familias han aprendido a combinar ambas celebraciones, reservando Halloween para la noche del 31 de octubre y el recogimiento para el 1 y 2 de noviembre.
Tradición y modernidad: un equilibrio necesario.
España es un país de contrastes, y en el Campo de Montiel esa dualidad se vive con naturalidad. Mientras los niños se disfrazan y se divierten con Halloween, los mayores siguen preparando flores, dulces y rezos para los difuntos.
Ambas celebraciones —una más festiva y otra más espiritual— tienen en común el mismo origen: el recuerdo de los que ya no están y la conexión con el más allá.
Más allá de modas o influencias, lo importante es mantener vivas las raíces, recordar de dónde venimos y transmitir a las nuevas generaciones el respeto por las costumbres que nos definen como pueblo.
Una tradición que, más allá de la religión o la modernidad, nos recuerda de dónde venimos.
¿Y tú? ¿Eres más de calabazas o de crisantemos?
Cuéntanos cómo vives estos días en tu pueblo y comparte tus fotos y recuerdos en los comentarios.
El Campo de Montiel: donde las tradiciones siguen contando historias.
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