Durante siglos, el sonido de las campanas ha sido mucho más que un simple repique metálico. Ha sido la voz del pueblo, el lenguaje del tiempo, el medio por el que se comunicaban las emociones colectivas de alegría, duelo o solemnidad. Las campanas marcaron la vida cotidiana de nuestras gentes, anunciando las misas, las fiestas, las tormentas o los fallecimientos. Su lenguaje, lleno de matices y significados, forma parte del patrimonio cultural inmaterial y litúrgico de cada localidad.
En Torre de Juan Abad este patrimonio sonoro ha tenido una importancia especial. A pesar de los cambios que trajo el siglo XX —el abandono rural, la mecanización de los campanarios y la pérdida de los antiguos oficios—, se ha conservado un testimonio excepcional: las grabaciones originales de los toques de campanas de la parroquia realizadas en los años sesenta por el párroco don Manuel Meneses Ripoll, y custodiadas por Villar Esparza. Gracias a la generosidad de Francisco Javier Moya Maleno, que facilitó estas grabaciones, hoy podemos conocer con precisión cómo sonaban los toques tradicionales de la villa.
El intérprete de estos toques fue Genaro Cortés Moral, conocido cariñosamente como “Genarillo”, quien desempeñó los oficios de campanero, sacristán y organista. Aprendió este arte de su abuelo, también campanero, y lo transmitió con la destreza y sensibilidad que caracterizan a quienes entienden las campanas no solo como instrumentos, sino como parte del alma del pueblo.
El campanario de Torre de Juan Abad alberga cuatro campanas fundidas entre los siglos XIX y XX, ninguna de ellas firmada por su fundidor. De menor a mayor son: Santa Bárbara o “Doña Sara” (1912), Bárbara del Rosario o “Ave María” (1818), Nuestra Señora de la Vega (1912) y Nuestra Señora de los Olmos (1806). Este conjunto se compone de una campana grande, dos medianas y una pequeña, con unas proporciones que permiten articular un lenguaje sonoro equilibrado y armónico, muy semejante al que se documentaba en otras localidades del Campo de Montiel desde el siglo XVI.
Las técnicas de toque empleadas por “Genarillo” se realizaban tirando de cuerdas atadas a los badajos, sin necesidad de mover las campanas. Existían distintos tipos: las señales (golpes continuados con una sola campana), los dobles (toques fúnebres) y los repiques (rítmicos y festivos). En Torre de Juan Abad se distinguían principalmente dos modalidades: el repique ordinario, con las dos campanas mayores, y el repique extraordinario, reservado para las celebraciones más solemnes, en el que participaban las cuatro campanas del conjunto, produciendo una sonoridad vibrante y majestuosa.
Este último toque, descrito por don Manuel Meneses, se utilizaba en ocasiones de especial relevancia: la entrada o despedida de la Virgen de la Vega, las grandes solemnidades litúrgicas o la visita pastoral. En él, cada campana tenía su papel y su ritmo, componiendo una auténtica sinfonía de bronce que llenaba de emoción las calles de la villa.
Aunque hoy las campanas permanecen fijas, se han hallado evidencias materiales de que antaño también se tocaban en movimiento: yugos de volteo, desgastes circulares en las jambas y marcas de badajo en ambos lados del bronce. Es probable que estas técnicas se abandonaran en el siglo XIX, cuando se adoptó el toque desde las cuerdas como una forma más sencilla y segura de mantener el repertorio sin necesidad de balancear las campanas.
El estudio de estos toques y de las grabaciones conservadas supone un valioso legado histórico y cultural. Permite no solo conocer la riqueza del lenguaje campanero de Torre de Juan Abad, sino también la posibilidad de recuperar e implementar estos toques tradicionales en la parroquia, devolviendo a las campanas su papel original: ser la voz viva del pueblo.
El artículo completo, elaborado por Álvaro Romera Sotillo y Carlos Jiménez-Jiménez, ofrece un detallado análisis de este conjunto y puede consultarse y descargarse en el siguiente enlace:
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