Villanueva de los Infantes - “En el tiempo, el puente se deja mirar”
A las afueras de Villanueva de los Infantes, sobre el cauce del río Jabalón, se alza con serenidad el conocido Puente de la Virgen, una de las construcciones más emblemáticas del patrimonio histórico del Campo de Montiel. Hecho de sillería de arenisca y compuesto por tres arcos de sólida factura, su estructura salva el curso del río y mantiene el antiguo tránsito hacia el sur, uniendo caminos, memorias y paisajes.
Su aspecto sobrio y equilibrado, con bóvedas de cañón, contrafuertes semicirculares y muros laterales de encauzamiento, denota la pericia técnica de sus constructores. En su alzado aguas abajo aún se conserva una inscripción apenas legible y un escudo de armas que, según los estudios del historiador J.A. Gómez, identifican al hidalgo Fernando Muñoz Triviño como su promotor. Este poderoso vecino de Villanueva de los Infantes, asentado entre los siglos XVI y XVII, levantó el puente no sólo para facilitar el acceso a sus posesiones, sino también como expresión de su posición social y de su influencia en la comarca.
Pese a que durante mucho tiempo fue considerado de origen romano, las investigaciones actuales descartan esta idea. El puente pertenece a una etapa posterior, cuando la villa y su entorno experimentaban un notable crecimiento económico y urbano. Su construcción se enmarca en un momento en el que Villanueva de los Infantes alcanzaba un papel destacado dentro de las comunicaciones del sur de Castilla, actuando como paso natural entre la Meseta y el valle del Guadalquivir.
La ubicación del Puente de la Virgen, sobre el Camino Real hacia Torre de Juan Abad y Villamanrique, no fue casual. Su presencia evidencia la importancia estratégica del Campo de Montiel como corredor histórico de tránsito y de intercambio. Con el tiempo, estas rutas fueron configurando una red de caminos que articulaban el territorio y contribuían al auge económico y social de la villa.
Otros pasos más antiguos, como el puente de Triviño hacia Almedina, perdieron relevancia conforme se abrían nuevas vías de comunicación. Las crecidas del río, el régimen irregular de lluvias y la transformación del paisaje agrícola hicieron necesarias diversas reparaciones, especialmente a finales del siglo XVIII, cuando la mayor parte de los puentes del valle fueron restaurados.
Hoy, el Puente de la Virgen sigue en pie como testimonio de todo ese proceso histórico. Sus piedras, suavizadas por el tiempo, guardan la memoria de viajeros, labradores y generaciones que lo cruzaron rumbo al sur. Más allá de su función práctica, representa la permanencia de la historia en el paisaje, la unión entre naturaleza y arquitectura, y la huella del pasado en la identidad de un pueblo.
Contemplar el Puente de la Virgen es mirar a través de los siglos: un gesto de respeto hacia quienes lo levantaron, una invitación a comprender la grandeza silenciosa del Campo de Montiel y de Villanueva de los Infantes, donde cada piedra, cada rincón y cada camino siguen contando su historia.
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