Aquí, en la penumbra dorada de la Iglesia de Nuestra Señora de los Olmos, el Retablo Mayor de Torre de Juan Abad se levanta como un libro abierto de fe y arte. Obra cumbre del maestro tallista Francisco Cano, su factura —de madera dorada y policromada— nos sitúa en la transición del Renacimiento al Barroco, cuando el ideal clásico empieza a latir con emoción devocional. Se trabajó entre 1581 y 1607 y, ya concluido, la parroquia apremió su colocación “so pena de excomunión” para que las imágenes ocuparan sus templetes. No faltó, además, el mecenazgo local: en 1591 don Miguel Sánchez González legó diez mil maravedíes “para que se haga un santo que sea San Miguel… y el dorado”. La huella de Cano asoma de nuevo en 1603 en el Libro de Confirmaciones, donde el obispo Troya lo cita como “Francisco Cano, entallador”.
Un retablo único en la provincia
Con 13 metros de altura, 8 de ancho y 80 m² de superficie, el conjunto despliega tres calles, tres cuerpos centrales y dos laterales, ritmados por la alternancia de frontones curvos y triangulares. Es, con justicia, el mejor conservado de la provincia de Ciudad Real y, junto con el de Terrinches, uno de los dos únicos que sobrevivieron a la contienda civil española, cuando tantos retablos fueron destruidos o expoliados.
Arquitectura, dorado y color
Clasicismo y teatralidad conviven en su fábrica manierista: columnas dóricas y corintias (20 grandes y 12 pequeñas en el templete) encuadran hornacinas, relieves y lienzos. El Tabernáculo se doró en 1733 y, en 1751, Antonio del Barco, maestro pintor y dorador, pintó, doró y estofó el retablo “hasta entonces en madera”.
Un recorrido iconográfico para el visitante
El retablo se disfruta de izquierda a derecha y de abajo arriba, como una peregrinación visual:
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Cuerpo inferior. Santos de raigambre popular —Santa Clara, Santa Lucía, Santa Bárbara— dialogan con escenas de la Pasión: La Santa Cena y El Lavatorio de los Pies, con criados que humanizan el relato. Se entreveran San Dámaso, San Agustín, San Ambrosio, Santo Tomás de Villanueva, Santo Domingo de Guzmán, San Francisco de Asís, San Sebastián… y, en el Templete, tres imágenes de intensa devoción: Cristo en la Columna, Ecce Homo y San Esteban. Sobresale el rey David con la espada y la cabeza de Goliat, emblema de la victoria del bien.
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Primer cuerpo. Arranca el Apostolado en talla entera y tamaño natural: San Pedro, San Juan, San Pablo, Santiago el Mayor.
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Segundo cuerpo. Continúa con San Andrés, San Felipe, Santo Tomás, San Bartolomé y, en el centro, Nuestra Señora Coronada por los Ángeles, corazón mariano del conjunto.
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Tercer cuerpo. Culmina el Apostolado con San Mateo, Santiago el Menor, San Simón, San Judas Tadeo, escoltados por los medallones de San Miguel y San Nicasio, y el Calvario con Cristo Crucificado, la Virgen Dolorosa y San Juan. Coronándolo todo, en arco de medio punto, el Padre Eterno sostiene la bola del mundo, signo de la creación y omnipotencia. Sobre él, un frontón triangular alude a la sabiduría trinitaria y, en lo alto, un Cuadro de la Virgen rodeado de rayos con la filacteria “Veni de Líbano, sponsa mea…”.
El programa se completa con cuatro lienzos marianos —Abrazo de San Joaquín y Santa Ana, Presentación de María en el Templo, Nacimiento de la Virgen y Nacimiento de Cristo— y bajos relieves con Saúl, David, San Ambrosio y San Agustín, y la Presentación de las Reglas de San Francisco a Inocencio III. Entre calles y cornisas, ángeles y serafines animan la escena, mientras la bóveda (44) despliega pinturas celestiales.
Un guiño para el visitante atento: en las pinturas de las columnas laterales asoman Rut, Ester, Judit… mujeres bíblicas cuya presencia aporta un contrapunto de sabiduría, valentía y fidelidad.
Restauración reciente y proyección cultural
En 2021, una restauración integral (seis meses, 108.000 € aportados por la Diputación de Ciudad Real) realzó el brillo del conjunto. La jornada inaugural reunió a autoridades y vecinos; el presidente regional Emiliano García-Page subrayó que “la cultura no es solo una industria que genera turismo y empleo, sino que nos hace mejores personas”, y anunció el inicio de los trámites para la declaración BIC del conjunto de la iglesia.
Consejos de visita
Acomode la mirada desde el eje central hacia los laterales; fíjese en la alternancia de frontones, el diálogo entre santos y escenas bíblicas y la gradación ascendente desde lo humano a lo divino hasta el Padre Eterno. Si el sol entra tamizado, el estofado y el dorado vibran con una luz casi teatral: es el momento perfecto para entender por qué este retablo es la gran joya preservada de la imaginería provincial.
Torre de Juan Abad invita a descubrirlo con calma. Aquí el arte no solo se contempla: se escucha, como una voz antigua que aún hoy guía al viajero.
DESCRIPCIÓN DE IMÁGENES Y ELEMENTOS DEL RETABLO
Cuerpo inferior
De izquierda a derecha:
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Santa Clara;
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Santa Lucía;
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Santa Bárbara;
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El rey David con la espada y la cabeza de Goliat;
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Un bajo relieve con La Santa Cena;
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Un criado de la Cena;
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San Dámaso;
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San Agustín;
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En el templete se encuentran tres imágenes pequeñas: Cristo en la Columna, Ecce Homo y el diácono San Esteban.
Primer cuerpo
Segundo cuerpo
Tercer cuerpo
Parte superior
Otros elementos del retablo
El conjunto está profusamente decorado con ángeles, serafines y columnas de orden dórico y corintio —20 grandes y 12 más pequeñas en el templete—, todas en talla entera, junto con otros adornos en madera tallada de gran detalle.
Finalmente, la bóveda que cubre todo el retablo (nº 44) contiene pinturas de ángeles y símbolos alusivos al cielo, que completan esta magnífica obra artística.

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