Ermita de Nuestra Señora de Luciana (Terrinches): testigo milenario de fe, historia y arte en el corazón del Campo de Montiel
En las suaves laderas que anuncian Terrinches, a apenas ochocientos metros del casco urbano y en el antiguo camino real que unía Levante con Andalucía, se alza la Ermita de Nuestra Señora de Luciana. Un santuario singular, donde la devoción traza puentes entre tiempos y estilos, y donde cada piedra narra el latido profundo del Campo de Montiel.
Lugar de peregrinación desde la Edad Media —como recoge la respuesta 51 de las Relaciones Histórico-Geográficas de Felipe II (1575)— la ermita fue punto de encuentro para fieles de todos los pueblos comarcanos, que llegaban “con mucha solemnidad”, celebraban misa, rezaban, velaban y compartían alimento y hermandad en torno a la sagrada imagen. Aquella tradición, viva y ancestral, sigue latiendo hoy en cada romería y en el homenaje que Terrinches dedica a las Patronas del Campo de Montiel, uniendo lo romano, lo medieval y lo contemporáneo en un mismo espacio espiritual.
De la huella romana al esplendor renacentista
Aunque su origen es aún anterior, el templo fue reedificado entre 1484 y 1525 bajo el mecenazgo del Conde de Osorno, Comendador Mayor de Castilla. Su arquitectura combina líneas góticas tardías —como la bóveda de crucería en la capilla mayor, obra de Ruy González del Corral— con elementos renacentistas que hablan del tránsito entre épocas.
La ermita conserva asimismo un inestimable patrimonio funerario y arqueológico, fruto de sucesivas ocupaciones —romana, medieval cristiana, moderna e incluso islámica—, que revelan la continuidad devocional y humana de este enclave sagrado.
El retablo: joya renacentista del siglo XVI
En su interior aguarda uno de los tesoros artísticos del Campo de Montiel: un monumental retablo renacentista (1535–1549), restaurado entre 1991 y 1996. De rica composición simbólica y cromática, combina pintura al temple, bajorrelieves y detalles dorados que evocan la grandeza del arte italiano, sin renunciar a las raíces hispanas de Juan de Borgoña o Pedro Berruguete.
En su hornacina central se veneraba la preciada imagen románica de Nuestra Señora de Luciana, tallada en alabastro, que presidía las devociones y peregrinaciones de la comarca.
Un santuario vivo
La Ermita de Luciana, hoy cuidadosamente restaurada, conserva su sencillez rural y su espiritualidad profunda. Su entorno —con zona ajardinada, porches, plaza de toros y un vía crucis monumental que asciende desde el pueblo— invita al recogimiento y al paseo. El acceso se realiza por una elegante triple arcada, que da paso a una portada de sillería de exquisita factura. El camarín barroco, con su cúpula pintada y su cripta subterránea, completa un conjunto que sorprende por su valor y autenticidad.
Situada en la Ruta del Quijote, el santuario cuenta también con área de descanso y es punto de conexión con los yacimientos arqueológicos próximos, que enriquecen la visita con el eco de siglos.
Memoria, fe y cultura en Terrinches
La Ermita de Nuestra Señora de Luciana no es solo un monumento: es un símbolo. Un hito espiritual, histórico y artístico que ha acompañado a generaciones de montieleños y que hoy continúa siendo espacio de celebración, encuentro y cultura.
Quien la visita no solo contempla un edificio: viaja por mil años de historia, respira la esencia de la comarca y comprende mejor ese espíritu eterno que hace del Campo de Montiel un lugar único en Castilla-La Mancha.
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