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Danza de Espadas y Baile de Cintas de Albaladejo

Danza de Espadas y Baile de Cintas de Albaladejo: memoria viva del Campo de Montiel

En la comarca del Campo de Montiel existen tradiciones que, más allá de la fiesta, constituyen auténticos tesoros culturales. Una de las más singulares y con mayor carga simbólica es la que se conserva en Albaladejo: la Danza de Espadas y el Baile de Cintas, manifestaciones populares que combinan devoción, folclore y un profundo sentimiento de pertenencia.

Se trata de costumbres que han sabido resistir el paso del tiempo y que, gracias al empeño de generaciones de vecinos, continúan formando parte esencial del calendario festivo de la localidad.

Un origen ligado a las ánimas

La Danza de Espadas tiene su raíz en las antiguas danzas de ánimas, celebraciones de carácter religioso que tradicionalmente se realizaban nueve días antes del inicio del carnaval. Estas danzas tenían un claro sentido espiritual: se ofrecían en memoria de las almas que, según la tradición cristiana, esperaban en el purgatorio.

Antiguamente llegaron a celebrarse incluso dentro de la iglesia parroquial. Los danzantes ejecutaban sus pasos mirando siempre hacia el lugar donde se encuentra el cementerio, como gesto de respeto y recuerdo hacia los difuntos. El último día de celebración, la comitiva salía del templo y se dirigía hasta el camposanto, regresando después al punto de partida.

Este carácter religioso fue poco a poco conviviendo con el aspecto festivo, hasta integrarse plenamente en las celebraciones de carnaval, momento en el que hoy se siguen representando.

La Danza de Espadas

La danza está compuesta por cuatro figuras o “cambios” fundamentales y es interpretada por ocho muchachos, siempre acompañados por el ritmo de una guitarra. A estos instrumentos se suman las castañuelas y la pandereta, que marcan el compás de una coreografía transmitida oralmente durante décadas.

Los danzantes se colocan en dos filas de cuatro. Guiados por quien porta la pandereta, comienzan a girar sobre sí mismos, permaneciendo alineados y realizando lo que se conoce como “hacer las cuatro caras”: quedar sucesivamente de frente, de espaldas y nuevamente de frente, en un movimiento continuo y repetitivo.

Uno de los momentos más simbólicos es el final de la danza, en el que se representa de forma figurada el “ahorcamiento” del capitán. Este personaje, que en lugar de espada lleva una pandereta, es rodeado por el resto de danzantes como colofón del ritual.

La vestimenta es otro elemento fundamental. Los participantes van ataviados con el traje tradicional de la zona, luciendo el pañuelo de yerbas en la cabeza y un mantón de manila atado a la cintura, imagen que refuerza el carácter ancestral de la celebración.

En el pasado también existió una figura curiosa y hoy desaparecida: el “loberico”. Un personaje similar al perlé de Herencia que, provisto de una porra, se encargaba de abrir paso entre la gente para dejar espacio a la danza. La tradición popular le atribuía incluso funciones en el cortejo entre jóvenes, actuando como peculiar intermediario entre mozos y mozas.

El Baile de las Cintas o “Vestir la Vara”

Tras la Danza de Espadas llega otra de las joyas del folclore albaladejeño: el Baile de las Cintas, también conocido como “vestir la vara”.

En este caso, son también ocho los danzantes, acompañados por un noveno que sujeta una vara de unos cuatro metros de altura de la que cuelgan ocho cintas de colores. Cada participante toma una de ellas y, al son de la misma música que acompaña a la danza anterior, comienzan a girar alrededor del palo.

Con movimientos precisos y perfectamente coordinados, se van cruzando unos con otros, pasando alternativamente por dentro y por fuera de sus compañeros, hasta conseguir tejer por completo la vara. Después realizan el proceso inverso para destejerla y regresar al punto de partida.

El resultado es una coreografía visualmente espectacular, llena de colorido y armonía, que requiere una gran destreza y sincronización por parte de los participantes.

Una tradición con eco literario

La importancia de estas danzas no es solo local. Su presencia en la cultura popular manchega es tan antigua que incluso Miguel de Cervantes hizo referencia a ellas en la segunda parte del Quijote, concretamente en el capítulo XX, durante el episodio de las Bodas de Camacho.

En ese pasaje se menciona la entrada de diversas danzas, entre ellas una de espadas, ejecutada por jóvenes vestidos de blanco, descripción que recuerda claramente a estas manifestaciones tradicionales que han llegado hasta nuestros días.

Un legado que sigue vivo

En la actualidad, la Danza de Espadas y el Baile de Cintas se celebran durante los tres días de carnaval de Albaladejo, convirtiéndose en uno de los momentos más esperados del año.

Más allá del espectáculo, estas danzas representan la memoria colectiva de un pueblo, la transmisión de un saber heredado y el orgullo de mantener vivas unas raíces que definen la identidad del Campo de Montiel.

En un mundo cada vez más globalizado, conservar y difundir este tipo de tradiciones es fundamental. Porque en ellas se encuentra una parte esencial de nuestra historia y de nuestra manera de entender la vida.

Albaladejo lo sabe bien. Y cada carnaval lo demuestra con el sonido de las guitarras, el repique de las panderetas y el movimiento eterno de sus danzantes.

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