La Puebla: un caserío olvidado a las puertas de Ciudad Real
En el Campo de Montiel todos conocemos Puebla del Príncipe, uno de los 23 pueblos que dan identidad a nuestra comarca. Sin embargo, en la provincia de Ciudad Real existe otro lugar que también responde al nombre de La Puebla, a secas, un enclave mucho menos conocido y que nada tiene que ver con aquel municipio montieleño.
Se trata de un antiguo caserío situado a tan solo nueve kilómetros de Ciudad Real, en la carretera que conduce a Aldea del Rey y muy cerca del curso tranquilo del río Jabalón. Un conjunto histórico del siglo XVIII ligado íntimamente a la desaparecida aldea de Ciruela y que hoy permanece prácticamente deshabitado.
Para la mayoría de los ciudadrealeños es un rincón casi invisible. Sin embargo, este pequeño núcleo rural guarda entre sus muros un valioso patrimonio histórico y artístico que merece ser protegido y difundido. La Puebla no es solo un conjunto de viejas casas de labor: es un testimonio vivo de la historia agraria de la zona y de la evolución de los antiguos asentamientos del entorno de Ciudad Real.
Un enclave con raíces en Ciruela
Administrativamente, La Puebla pertenece al término municipal de Ciudad Real. Geográficamente se asienta en la margen derecha del río Jabalón, en una zona de dehesa, y se levanta sobre un antiguo edificio volcánico conocido como volcán de La Puebla o también como El Cominal. Este detalle geológico aporta al lugar un interés añadido, pues nos habla de un territorio modelado por la actividad volcánica característica del Campo de Calatrava.
Históricamente, el caserío ha estado unido a la aldea de Ciruela, de la que fue anejo durante siglos. Aquella pequeña población, hoy desaparecida, tuvo su propia iglesia bajo la advocación de Santa Marina, la misma que conserva el templo de La Puebla. Esta relación explica que ambos lugares compartan devoción, tradiciones y buena parte de su historia común.
Lo que nos cuentan los viejos documentos
Gran parte de lo que se conoce sobre La Puebla se debe a la obra de don Inocente Hervás y Buendía, quien a finales del siglo XIX publicó su imprescindible Diccionario Histórico, Geográfico, Biográfico y Bibliográfico de la Provincia de Ciudad Real. En él aparecen datos reveladores sobre este pequeño enclave.
Según recoge el autor, en 1751 el caserío contaba únicamente con dos vecinos, y su iglesia era atendida por el Teniente del Arcipreste de Calatrava. El templo se levantaba —como hoy— sobre un pequeño montículo frente al conjunto de viviendas.
Pero quizá lo más interesante sean las referencias a los hallazgos arqueológicos producidos en el entorno. Hervás y Buendía relata que en la falda norte de la meseta donde se sitúa la iglesia apareció una orza de barro con unas doscientas monedas. También menciona el descubrimiento de varios enterramientos durante las obras de la carretera, con sepulturas orientadas de oeste a este y cubiertas por losas calizas.
Estos restos, visibles aún a finales del siglo XIX, indicarían la existencia de un antiguo cementerio o asentamiento previo al actual caserío. Incluso se habla de una cisterna que, según las noticias locales, comunicaba con una cueva subterránea, extremo que nunca llegó a comprobarse por encontrarse obstruida su entrada.
Todos estos datos apuntan a que La Puebla fue un enclave con actividad humana mucho más intensa en épocas pasadas de lo que hoy podría imaginarse.
La reconstrucción de la iglesia y la huella de Gaspar Muñoz y Jarava
A comienzos del siglo XX el caserío pasó a ser propiedad de Don Gaspar Muñoz y Jarava Antolínez de Castro y de la Torre, Senador del Reino por la provincia de Ciudad Real en 1910 y miembro del Partido Liberal. Este influyente político y terrateniente fue el responsable de devolver la vida a la iglesia de Santa Marina, que por entonces se encontraba prácticamente arruinada.
Gracias a su iniciativa, el templo fue reconstruido y reabierto al culto el 29 de mayo de 1904. Contó además con un retablo tallado por el escultor Joaquín García Coronado, donde se veneraban imágenes de San Isidro y San Antonio, santos muy vinculados al mundo agrícola.
La impronta de este propietario aún puede verse en la vivienda principal del caserío: sobre su dintel se conserva su escudo de armas, testimonio de una época en la que las grandes fincas rurales articulaban buena parte de la vida económica de la provincia.
Un conjunto arquitectónico singular
Quien hoy se acerque a La Puebla descubre, en primer lugar, la silueta de su iglesia dominando el paisaje. El templo de Santa Marina es de una sola nave y combina en su fábrica piedra de mampostería y ladrillo toledano, con zócalo de sillería. Su cubierta de teja árabe y el voladizo de aire conventual le otorgan un encanto austero y rural.
La portada, un sencillo arco de medio punto labrado en piedra, da paso a un interior sobrio que conserva el espíritu de las pequeñas iglesias de labor. En el exterior destaca su espadaña de ladrillo industrial, actualmente sin campana, que se recorta sobre el cielo manchego como símbolo del lugar.
El caserío se compone de tres viviendas principales. La central fue la residencia del propietario, mientras que a la derecha se sitúa la única casa que aún permanece habitada. En su fachada puede verse un valioso reloj de sol fechado en 1805, elemento patrimonial de gran interés. La puerta principal, de cuarterones de madera y claveteada, recuerda la arquitectura tradicional de las casas solariegas de la zona.
Un rincón literario: la infancia de un poeta
La Puebla no solo ha sido testigo de la historia rural, sino también cuna de sensibilidad literaria. En este caserío pasó su infancia el poeta y escritor José Luis Morales Robledo, galardonado con numerosos premios, entre ellos el Internacional de Poesía Miguel Hernández.
El paisaje y las casas de La Puebla dejaron una huella imborrable en su obra. Títulos como “Por las deshabitadas arboledas” o “El viento entre las ruinas” recogen la esencia de este lugar solitario, casi melancólico, que sirvió de inspiración para algunos de sus textos más evocadores.
Un episodio histórico poco conocido
La Puebla ha sido, a lo largo del tiempo, escenario de muy distintos momentos históricos. Además de su función agrícola y religiosa, las investigaciones sobre la posguerra española señalan que en su entorno funcionó de manera temporal un recinto utilizado para el internamiento de prisioneros durante los primeros años del franquismo, dentro de la red de centros habilitados en distintos puntos de la región. Un dato que forma parte de la compleja historia del lugar y que se suma a las múltiples etapas que ha vivido este pequeño enclave manchego.
Un patrimonio que pide protección
Hoy, La Puebla es poco más que un caserío semiabandonado en mitad de la dehesa. Sin embargo, sus muros, su iglesia, su historia agrícola, los hallazgos arqueológicos y todas las huellas de su pasado convierten a este enclave en un lugar de enorme valor cultural y humano.
Su proximidad a Ciudad Real contrasta con el olvido en el que ha caído. No existen señalizaciones, rutas ni iniciativas de puesta en valor que permitan conocerlo mejor. Y, sin embargo, estamos ante un conjunto histórico que podría formar parte del patrimonio visitable de la capital y de toda la comarca.
Quizá haya llegado el momento de que instituciones y ciudadanía miren de nuevo hacia este rincón silencioso junto al Jabalón. Porque lugares como La Puebla no son solo restos del pasado: son páginas vivas de nuestra historia que aún esperan ser contadas.
Fuentes consultadas
Para la elaboración de este reportaje se han consultado diversas publicaciones y trabajos divulgativos que han ayudado a reconstruir la historia y el valor patrimonial de este singular enclave. Entre ellas destacan el blog EL SAYÓN el blog Mancha Ignota y diferentes artículos aparecidos en el medio digital MiCiudadReal, referencias imprescindibles para acercarnos al pasado y al presente del caserío de La Puebla.
Gran parte de las fotografías que acompañan este artículo proceden de estos mismos blogs y de sus respectivos autores, a quienes agradecemos su labor de difusión del patrimonio de nuestra tierra. Si alguno de ellos no desea ver sus imágenes publicadas en esta página, solo tiene que comunicárnoslo y serán retiradas de inmediato. Y si, por el contrario, deciden compartirlas con nosotros y con nuestros lectores, les estaremos profundamente agradecidos por contribuir a que la historia de La Puebla siga siendo conocida y valorada.
Interesante y completo este artículo.
ResponderEliminarGracias por la referencia al blog "Mancha Ignota".
Por mi parte, no hay problema por el uso de imágenes del blog, habiendo nombrado su origen y autoría.