En lo más alto de Terrinches, al final de la Calle del Castillo, se alza la imponente silueta del Castillo Aben Yucef, testigo pétreo de siglos de historia y custodio del horizonte del Campo de Montiel. Esta fortaleza medieval, concebida como torre de refugio y defensa para los vecinos del pueblo, conserva aún el carácter desafiante con el que nació: una gran torre cuadrangular, de muros de cuatro metros de grosor y planta robusta de mampostería, reforzada por sillares que hablan de precisión y maestría constructiva.
Con una superficie de casi 300 metros cuadrados —aunque apenas un tercio destinados a la vida cotidiana en cada una de sus dos plantas—, la torre ofrece un recorrido que transporta al visitante al corazón de la Edad Media. Se accede por el lateral oriental, ascendiendo mediante escaleras empotradas que conducen, primero, a sus estancias interiores y, después, a la antigua terraza defensiva, donde todavía asoman cuatro matacanes que recuerdan la función bélica de la estructura. La bóveda de doble cañón apuntado, sostenida por monumentales pilares de sillería, crea un espacio solemne y sorprendentemente elegante para una fortificación de estas características. En la planta superior, los amplios vanos que se abren al norte, este y sur, junto con las numerosas saeteras, dejaban entrar luz y aire a la estancia del alcaide, combinando estrategia defensiva y dignidad señorial.
Pero si sus piedras impresionan, su historia conmueve. En 1282, el sultán de Marruecos Aben Yucef sitió y prendió fuego a la torre, decidido a tomarla tras arrasar la comarca. Sin embargo, los vecinos resistieron, y la valentía de la mujer del alcaide —quien se negó a entregar la fortaleza pese a la vacilación de su esposo— se convirtió en leyenda. Su firmeza, recogida en crónicas del siglo XVI, inspiró una defensa sin rendición posible: «si mi marido se quiere dar, échenlo de la torre abajo, que yo os ayudaré la primera…». Este episodio, heroico y casi épico, ha sobrevivido al paso del tiempo, como las piedras del castillo que lo presenciaron.
Hoy, el Castillo Aben Yucef luce restaurado y orgulloso, gracias a la labor municipal y a su reconocimiento como Bien de Interés Cultural. Su recinto amurallado —que antaño llegó a abarcar unos 600 metros— ha desaparecido, pero la torre continúa como guardiana silenciosa del pueblo, mirador privilegiado sobre tierras antiguas y ejemplo vivo del patrimonio histórico de Castilla-La Mancha.
Un lugar donde la arquitectura militar se funde con la emoción del relato y donde cada muro y cada paso narran la resistencia, la estrategia y la memoria de un territorio que nunca renunció a defender su libertad. Terrinches invita a la contemplación, al descubrimiento y al viaje al pasado desde el corazón de su fortaleza más emblemática.

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