Castillo de Montizón: la fortaleza que vigila el alma del Campo de Montiel
Sobre un espolón rocoso que se asoma, orgulloso y silencioso, a la hoz del río Guadalén, se alza el Castillo de Montizón, una de las joyas medievales más imponentes y evocadoras del Campo de Montiel. A apenas seis kilómetros de Villamanrique, este enclave fronterizo —erigido por la Orden de Santiago en el siglo XIII— fue durante siglos centinela del camino que unía Castilla y Andalucía a través de las sierras.
Majestuoso, austero y cargado de historia, Montizón fue bastión defensivo y cabeza de encomienda, una fortaleza imposible de tomar al asalto, protegida por la roca viva y el río que serpentea a sus pies. Sus muros, sólidos como el tiempo, guardan el eco de caballeros, maestres y legendarios linajes como los Manrique, cuya huella dejó aquí capítulo propio. No en vano, fue residencia del poeta y guerrero Jorge Manrique, quien desde estas almenas contempló horizontes de frontera y escribió parte de su legado inmortal.
El visitante que llega a Montizón descubre un paisaje que parece detenido en la Edad Media. El recinto amurallado se despliega en cuatro defensas sucesivas, culminando en la monumental Torre del Homenaje, auténtico castillo dentro del castillo. Sus sillares enormes, los restos de estancias que fueron iglesia, despensa y caballerizas, o su aljibe oculto bajo bóvedas de ladrillo, hablan de un pasado militar, espiritual y señorial.
Pese a las reformas del siglo XIX —cuando fue adaptado como residencia agrícola tras su venta en la desamortización— y a la inevitable erosión del tiempo, Montizón conserva la esencia de fortaleza inexpugnable. Su sistema defensivo, sus muros cicatrizados y su armonía con el entorno natural convierten la visita en un viaje directo a un tiempo de órdenes militares, escudos de piedra y caballería vigilante.
El silencio que envuelve la fortaleza solo lo rompe el murmullo del Guadalén, que parece narrar, desde el fondo del barranco, historias de asedios y vigilias nocturnas. Desde sus alturas, el Campo de Montiel se abre en suaves ondulaciones, campos de labor y horizontes infinitos: la misma tierra que inspiró a Cervantes, la misma que fue frontera, vanguardia y hogar de héroes y poetas.
Hoy, declarado Bien de Interés Cultural, el Castillo de Montizón sigue siendo la fortaleza medieval mejor conservada de la comarca. Un coloso de piedra que invita a detenerse, a imaginar y a sentir la fuerza histórica de este territorio. Un lugar donde pasado y paisaje se funden en un espectáculo monumental que merece ser visitado, contemplado y preservado.
Quienes buscan autenticidad, patrimonio y emoción histórica encontrarán en Montizón un escenario único: un guardián eterno de las tierras del Campo de Montiel.
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