España en 1904: entre la tensión social y el deseo de regeneración
El año 1904 encuentra a España en una situación de contrastes: por un lado, el país mantiene cierta estabilidad institucional bajo el reinado ya consolidado de Alfonso XIII; por otro, las tensiones sociales, las huelgas y el avance del pensamiento regeneracionista muestran que la sociedad española está cambiando más rápido que sus instituciones.
Un Gobierno que intenta mantenerse en pie
Tras la retirada definitiva de Sagasta y los problemas internos del Partido Liberal, la política española continúa marcada por la inestabilidad. El Gobierno conservador, encabezado durante gran parte del año por Antonio Maura, intenta impulsar reformas con un tono más firme y centralizador. Maura, que se convertirá en una de las figuras clave del reinado de Alfonso XIII, comienza a perfilar su idea de una “revolución desde arriba”: modernización, control del orden público y más autoridad estatal.
Sin embargo, su margen de maniobra es limitado. El caciquismo sigue muy presente y el Parlamento continúa sin reflejar la verdadera realidad social del país.
Tensiones sociales y conflictividad laboral
El movimiento obrero avanza con fuerza. 1904 es un año de huelgas en sectores industriales como el textil y el metalúrgico, muy especialmente en Cataluña. También se registran paros en el transporte y en algunos servicios urbanos.
Las condiciones laborales —largas jornadas, salarios bajos, inseguridad en los talleres y fábricas— generan un clima cada vez más agitado. Además, la presencia de grupos anarquistas en Barcelona alimenta la tensión, provocando disturbios ocasionales y un incremento de la vigilancia policial.
En la España rural, la brecha con las regiones industrializadas se acentúa. En zonas agrícolas como Castilla-La Mancha y el Campo de Montiel la situación sigue siendo de pobreza extendida, con jornaleros sometidos a la temporalidad y a la falta de oportunidades.
La Iglesia y el Estado: un equilibrio delicado
En 1904 cobra protagonismo el debate sobre el papel de la Iglesia en la sociedad. Aunque no se producen aún los conflictos abiertos que vendrán años después, empiezan a generarse tensiones en torno a la educación, la influencia del clero y las órdenes religiosas.
La Iglesia conserva una fuerte presencia social y cultural, especialmente en los entornos rurales, pero en las ciudades comienzan a difundirse ideas más laicas y reformistas.
Un año de cultura y regeneracionismo
El espíritu regeneracionista sigue muy vivo. Escritores, periodistas e intelectuales continúan analizando sin descanso los males de España y reclamando reformas profundas. Se publican obras que reflexionan sobre el atraso económico, la necesidad de mejorar la educación y el papel de España en el mundo tras el desastre colonial de 1898.
Este clima intelectual contribuye a que la opinión pública empiece a pedir cambios más ambiciosos, tanto en la política como en la administración.
Una España que busca su lugar
En términos demográficos, España ronda ya los 19,1 millones de habitantes, con migraciones internas crecientes hacia Madrid, Cataluña y el País Vasco. La industrialización avanza lentamente y de manera desigual, mostrando un país partido en dos: la España moderna que nace en las fábricas y la España rural que resiste como puede el cambio de siglo.
1904 es un año que no destaca por grandes acontecimientos concretos, pero sí por el clima general: inquietud, reformas lentas, tensiones sociales y un país que empieza a asumir que el siglo XX traerá transformaciones profundas.
0 comentarios:
Publicar un comentario