Adiós a las tiendas de toda la vida
La lenta desaparición del comercio de barrio en el Campo de Montiel
Durante generaciones, las tiendas de barrio fueron el corazón de nuestros pueblos.
En cada calle había una tienda de ultramarinos, una panadería, una carnicería o una mercería donde no solo se compraba, sino que se charlaba, se compartían noticias y se mantenía vivo el espíritu del vecindario.
Hoy, muchas de esas puertas han cerrado para siempre.
Un cambio que se nota en cada pueblo
Basta pasear por Villanueva de los Infantes, Cózar, Fuenllana o Villahermosa para comprobarlo: persianas bajadas, locales vacíos y carteles de “Se alquila”.
Los supermercados y grandes cadenas han ocupado el espacio que antes pertenecía a los pequeños comercios.
La comodidad, los precios y los horarios amplios han cambiado nuestros hábitos.
Cada año desaparecen más tiendas en toda la comarca: comestibles, zapaterías, droguerías, ferreterías… negocios que llevaban abiertos generaciones.
La comodidad frente a la cercanía
Es cierto que los supermercados hacen la vida más fácil: ofrecen aparcamiento, descuentos y variedad.
Y también es verdad que generan puestos de trabajo, especialmente para jóvenes o personas que buscan estabilidad laboral.
Pero esa comodidad tiene un precio.
Cuando compramos en una gran superficie, no todo el dinero sale del pueblo, pero casi todo.
En cambio, cuando compramos en una tienda local, ayudamos a mantener viva la economía del Campo de Montiel.
La contradicción de comprar fuera
Muchos dicen que “en el pueblo no hay nada”.
Pero luego se van a comprar fuera, gastando dinero en combustible, coche y tiempo.
Esa costumbre, sin darnos cuenta, contribuye a la desaparición del comercio local.
Si no compramos aquí, ¿cómo van a sobrevivir las tiendas del pueblo?
Somos parte del problema, pero también podemos ser parte de la solución.
El auge de las tiendas online
A todo esto se suma otro competidor: el comercio online.
Comprar por internet es rápido, cómodo y muchas veces más barato.
Pero también vacía nuestras calles.
Cada paquete que llega desde una gran plataforma es una venta menos para la tienda del pueblo, esa que paga impuestos aquí, da empleo aquí y mantiene vivas nuestras plazas.
Lo que perdemos con su desaparición
Las tiendas de toda la vida eran mucho más que negocios.
Eran lugares de encuentro, confianza y cercanía.
El tendero conocía tu nombre, sabía qué pan te gustaba o qué fruta estaba más madura.
Eso no te lo da ninguna cadena ni un clic online.
Además, muchos de estos comercios apostaban por productos locales: vino, aceite, embutidos o dulces hechos en la comarca.
Al desaparecer, también perdemos parte de nuestra identidad y de nuestra riqueza cultural y gastronómica.
Defender lo nuestro
Algunos comercios del Campo de Montiel están sabiendo adaptarse a los nuevos tiempos: utilizan redes sociales, reparten a domicilio y siguen apostando por el trato personal.
Pero su futuro depende también de nosotros, los vecinos.
Cada vez que compramos en el pueblo, estamos invirtiendo en nuestra tierra, en nuestra gente y en un modelo de vida más humano, sostenible y justo.
Un futuro que aún puede escribirse
Quizá no podamos competir en precios, pero sí en trato, confianza y calidad.
El Campo de Montiel tiene una riqueza enorme que no puede perderse entre estanterías impersonales ni entre clics anónimos.
Mantener vivas nuestras tiendas es mantener viva nuestra tierra.
Porque una calle con tiendas abiertas es una calle con vida.
Defender el comercio local en el Campo de Montiel es cuidar de nuestras raíces, de nuestras relaciones y de nuestra forma de entender la vida.

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