La esclusa de Miravete: la puerta perdida del gran proyecto hidráulico de La Mancha
La esclusa de Miravete, situada en el tramo que conecta la famosa cascada del Hundimiento con el embalse de Peñarroya, es hoy un rincón tranquilo dentro del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera. Sin embargo, en el siglo XVIII estuvo llamada a convertirse en el punto de partida de uno de los proyectos hidráulicos más ambiciosos de la Ilustración española: el Canal del Gran Priorato, una obra pensada para transformar y modernizar toda la cuenca alta del río Guadiana y, con ello, la vida agrícola del Campo de Montiel.
El origen del proyecto: un territorio hermoso pero castigado
A finales del siglo XVIII, el territorio del Priorato de la Orden de San Juan —que abarcaba buena parte del Campo de Montiel y zonas adyacentes— se enfrentaba a graves problemas estructurales. Las tierras eran fértiles, pero la productividad era baja. Las sequías prolongadas se alternaban con temporadas de lluvias intensas que provocaban inundaciones; las zonas húmedas y encharcadas favorecían el paludismo; y la comarca carecía de un sistema eficiente para aprovechar de forma continua y ordenada los recursos hídricos.
Cuando el infante don Gabriel de Borbón, hijo de Carlos III, fue nombrado Gran Prior de la Orden, decidió afrontar de raíz estos problemas. Para ello recurrió a uno de los arquitectos más prestigiosos de su tiempo: Juan de Villanueva, figura esencial del neoclasicismo español y autor del actual edificio del Museo del Prado.
El Plan Geográfico de las Lagunas de Ruidera (1781)
Villanueva elaboró un documento que iba mucho más allá de una simple reforma agrícola. El Plan Geográfico de las Lagunas de Ruidera, presentado al rey en 1781, proponía una intervención integral en el territorio. Su objetivo era regular las aguas del Alto Guadiana y crear una red de regadío estable que permitiera fertilizar grandes extensiones del Campo de Montiel.
Para ello se planteó aprovechar la estructura natural de las Lagunas de Ruidera, un sistema único de barreras de toba que retienen el agua y la hacen circular de forma escalonada. La primera pieza de ese engranaje debía ser la esclusa de Miravete, concebida como vaso regulador de cabecera.
La esclusa de Miravete: inicio de un sueño ilustrado
La esclusa de Miravete no era un elemento aislado, sino la entrada al Canal del Gran Priorato, una vía de agua diseñada para conducir y distribuir el caudal hacia las tierras interiores. Su concepto era moderno, inspirado en las grandes obras hidráulicas que, en la Europa ilustrada, estaban transformando regiones enteras mediante la ingeniería civil.
Desde Miravete se pretendía gestionar el nivel de agua, derivarla, laminar crecidas y garantizar un flujo constante. A partir de ese punto debía ponerse en marcha un canal que avanzaría hacia el oeste y el sur, fertilizando miles de hectáreas de cultivo.
De haberse completado, el proyecto habría cambiado radicalmente la fisonomía económica del Campo de Montiel, reforzando su papel agrícola y abriendo la puerta a nuevas formas de poblamiento, producción y comercio.
Un proyecto truncado por la historia
El plan nunca llegó a ejecutarse en su totalidad. A pesar de su valor estratégico, quedó atrapado en una compleja red de circunstancias adversas:
- La muerte del infante don Gabriel.
- El fallecimiento de Carlos III, su principal valedor.
- Las resistencias internas e intrigas políticas dentro de la propia Orden.
- Las protestas de sectores campesinos que temían perder derechos de uso sobre pastos y aguas.
- La crisis nacional generada por la invasión napoleónica.
- La muerte de Juan de Villanueva en 1811, que simbolizó el fin definitivo de la iniciativa.
Miravete hoy: un lugar para entender las Lagunas y el Campo de Montiel
En la actualidad, la esclusa puede visitarse siguiendo el sendero que une el Hundimiento con el embalse de Peñarroya. El camino, de notable belleza paisajística, permite comprender cómo la naturaleza y la historia humana han convivido durante siglos en torno a este corredor de agua.
Observar la esclusa permite entender que las Lagunas de Ruidera no son solo un espacio natural privilegiado, sino también un territorio profundamente vinculado a la ingeniería, a la agricultura y al esfuerzo de quienes intentaron mejorar la vida en el Campo de Montiel mucho antes de que existieran las infraestructuras modernas.
La esclusa de Miravete es, en definitiva, un pequeño monumento a la imaginación y al rigor técnico de la Ilustración, y un recordatorio de que incluso los proyectos que no llegan a cumplirse dejan huellas valiosas en el paisaje y en la memoria de una comarca.
0 comentarios:
Publicar un comentario