San Antón, el fuego que une al Campo de Montiel.
Cada mes de enero, cuando el frío aprieta y el calendario deja atrás la Navidad, el Campo de Montiel vuelve a encender una de sus tradiciones más queridas: la festividad de San Antón. Hogueras en las plazas, bendiciones de animales, encuentros vecinales y un ambiente que mezcla devoción y convivencia convierten esta cita en una de las más arraigadas del invierno en nuestros pueblos.
San Antonio Abad, patrón de los animales, es una figura profundamente ligada al mundo rural. En una comarca donde durante siglos la vida ha girado en torno al campo, al ganado y al trabajo agrícola, su celebración adquiere un significado especial. No es solo una fiesta religiosa: es una expresión de identidad, un rito heredado que conecta generaciones.
En localidades de todo el Campo de Montiel, el día de San Antón se vive en la calle. Las hogueras vuelven a ser el centro de la vida social. Alrededor del fuego se asan productos típicos, se comparten viandas, se conversa y se refuerzan lazos vecinales. El calor de las llamas combate el invierno, pero también simboliza la continuidad de una tradición que resiste al paso del tiempo.
Uno de los momentos más emotivos es la bendición de los animales. Perros, gatos, caballos, aves o incluso animales de granja desfilan ante el santo para recibir protección. Es una escena que une pasado y presente: hoy conviven las mascotas urbanas con los animales que siguen siendo parte esencial de la vida rural. Todos encuentran su lugar en una ceremonia que habla de respeto, cuidado y gratitud.
En un mundo cada vez más acelerado y digital, San Antón ofrece una pausa. Invita a salir a la calle, a mirarse a los ojos, a compartir. Es una celebración sencilla, sin grandes artificios, pero cargada de significado. Representa la relación histórica del Campo de Montiel con la tierra y con los animales, y recuerda que nuestras tradiciones siguen siendo un punto de encuentro.
San Antón no es solo una fecha en el calendario. Es el fuego que reúne, la bendición que protege y la costumbre que mantiene viva la memoria colectiva de nuestros pueblos. En cada hoguera, en cada animal bendecido, late una comarca que no olvida de dónde viene.
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