España en 1900: el país que despierta tras la tormenta
Año 1900. España entra en el nuevo siglo con el pulso lento y la mirada puesta en un horizonte incierto. Aún resuenan los ecos del Desastre del 98 (España perdió sus últimas colonias importantes: Cuba, Puerto Rico y Filipinas, como resultado de la Guerra Hispano-Estadounidense), la mayor crisis nacional desde la pérdida del Imperio. El país inicia el siglo XX con heridas abiertas, pero también con una creciente voluntad de cambio.
Un país en busca de sí mismo
España arrastra una profunda depresión colectiva. El golpe colonial ha dejado tras de sí una ciudadanía desconcertada y una clase política cuestionada. Los partidos del turno, liberal y conservador, intentan recomponer un sistema que ha demostrado sus límites.
En este ambiente emerge con fuerza el regeneracionismo, una corriente que exige reformas urgentes: modernizar la economía, elevar el nivel educativo y acabar con el caciquismo que domina la vida local en gran parte del país, especialmente en las zonas rurales como el propio Campo de Montiel.
¿Qué tipo de gobierno había en 1900?
El año arranca bajo el marco de la monarquía constitucional de la Restauración.
El rey nominal es Alfonso XIII, pero al ser menor de edad, el país está gobernado por la regencia de María Cristina de Habsburgo.
El sistema político funciona mediante el turno pacífico, un acuerdo entre el Partido Conservador y el Partido Liberal para alternarse en el poder, precedido casi siempre por elecciones controladas a través del caciquismo y el famoso pucherazo. Pese a sus defectos, este modelo aportó estabilidad tras décadas de pronunciamientos militares.
En 1900 el Gobierno está encabezado por Francisco Silvela, líder conservador, que intenta impulsar tímidas reformas para modernizar el Estado y recuperar la confianza de un país en crisis.
Reformas y primeros pasos hacia el cambio
Entre las medidas más destacadas del año figura la Ley Dato de Accidentes de Trabajo, uno de los primeros pasos hacia la protección del trabajador en un país que empezaba a industrializarse, aunque de forma desigual: mientras Cataluña y el País Vasco avanzan hacia la modernidad fabril, la España interior sigue viviendo de un campo atrasado y dependiente.
La cultura toma la palabra
Mientras la política busca recomponerse, la cultura vive un momento de efervescencia. Escritores como Pío Baroja, Azorín o Unamuno alzan la voz desde la llamada Generación del 98, analizando sin tapujos la decadencia del país. Por su parte, Emilia Pardo Bazán publica ese año su novela Tierra, consolidándose como figura esencial de la literatura española.
Es también el tiempo del Modernismo, que empieza a impregnar las artes y la arquitectura, anticipando un cambio estético y social que irá creciendo a lo largo del siglo.
Una España que empieza a moverse
Con cerca de 18,6 millones de habitantes, España sigue siendo mayoritariamente rural. Sin embargo, 1900 marca el inicio de un fenómeno que cambiará el país para siempre: las migraciones internas hacia Madrid, Cataluña y el País Vasco.
El siglo XX acaba de comenzar, y aunque España avanza despacio, algo empieza a moverse. 1900 es el año en que el país se mira al espejo, reconoce sus carencias y comienza, con prudencia, a dar los primeros pasos hacia una modernidad que aún tardará en consolidarse.
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