El embalse del Guadalmena es uno de esos paisajes donde la geografía y la serenidad del agua se abrazan para dibujar una estampa profundamente andaluza. Situado en el corazón del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, su lámina azul se abre paso entre montes y pinares, convirtiéndose en frontera líquida y, al mismo tiempo, en punto de encuentro de cuatro términos municipales: Chiclana de Segura, Orcera, Segura de la Sierra y Puerta de Segura. Cuatro pueblos que comparten horizonte y reflejo en sus aguas, como si el embalse fuera un espejo común de su identidad serrana.
Aquí, donde el silencio solo se rompe por el vuelo de las rapaces o el leve susurro del viento entre los pinos, el viajero comprende que el tiempo adquiere otra medida. Las orillas recortadas, los cerros que se asoman al agua y los caminos que lo rodean componen un paisaje de frontera natural entre Andalucía y La Mancha, cargado de luz, historia y vida.
El protagonista invisible de esta escena es el río Guadalmena, cuyas aguas alimentan el embalse tras iniciar su viaje en las estribaciones de la Sierra de Alcaraz, en la provincia de Albacete. Allí, entre manantiales y barrancos cubiertos de vegetación mediterránea, nace humilde y cristalino, comenzando un recorrido que lo llevará a encajarse entre montañas y a modelar este espacio de calma y belleza.
El Guadalmena no es solo un curso de agua: es un hilo de unión entre territorios, culturas y paisajes. Desde su nacimiento hasta su encuentro con el Guadalimar, su discurrir ha sido testigo de antiguas rutas, de labores agrícolas y de la vida cotidiana de los pueblos que lo miran.
El embalse, con su presencia serena, se convierte así en un lugar de contemplación. Un balcón natural donde los cielos limpios de la Sierra de Segura se reflejan cada atardecer, donde el azul se funde con el verde y donde Andalucía muestra una de sus caras más íntimas y menos conocidas.
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