🏡💔 Nuestros pueblos se mueren... y no podemos quedarnos mirando.
El verano, las fiestas patronales, Navidad, Semana Santa,.. nos devuelve la vida en las plazas, las risas en las calles, el bullicio de la gente que vuelve a sus raíces...
Pero cuando terminan, el silencio vuelve a adueñarse de nuestros pueblos.
Y con él, vuelve la despoblación, la soledad, la sensación de abandono.
Los pequeños municipios, especialmente los del Campo de Montiel, se apagan poco a poco.
Faltan habitantes, faltan servicios, y los pocos vecinos que quedan son cada vez más mayores.
Los jóvenes se marchan porque no hay oportunidades de empleo ni futuro.
Y una pregunta nos ronda constantemente:
¿No hay servicios porque no hay habitantes o no hay habitantes porque no hay servicios?
Sea cual sea la respuesta, ya no valen más discursos vacíos.
Necesitamos hechos, compromiso y medidas reales.
Porque la despoblación no es solo un problema del medio rural: es un problema de país, que afecta al presente y al futuro de todos.
Algunas soluciones son tan evidentes como urgentes:
* Una fiscalidad justa y diferenciada para el medio rural.
* Ayudas directas y fondos para que los ayuntamientos puedan frenar la pérdida de población.
* Infraestructuras digitales y de comunicación dignas del siglo XXI.
* Educación y sanidad de calidad, sin importar el código postal.
* Empleo, incentivos, y oportunidades para los jóvenes.
* Apoyo real a los agricultores y ganaderos, guardianes de nuestros pueblos.
* Igualdad de derechos y oportunidades entre el medio rural y el urbano.
* Impulso al turismo, la artesanía, la gastronomía y las energías renovables.
* Carreteras y conexiones que acerquen nuestros pueblos al resto del país.
Porque la “España vaciada” no necesita más discursos… necesita llenarse de vida, de proyectos, de esperanza.
Y que nadie lo olvide, los alcaldes y concejales de los pequeños municipios son héroes silenciosos que hacen lo que pueden con lo que tienen.
El verdadero problema está más arriba, en los grandes despachos donde sobran las palabras y faltan los hechos.
Como dijo Demóstenes:
“Las palabras que no van seguidas de los hechos no valen para nada.”
En nuestros pueblos ya no se oye aquello de “¿cuántos niños han nacido este año?”
Ahora se oye con tristeza “¿cuántos vecinos han muerto?”
Y sin embargo… todos tenemos un lazo con ese pueblo del que venimos o al que siempre regresamos: para descansar, para reencontrarnos, para recordar quiénes somos.
Porque el pueblo es hogar, raíces y memoria.
No dejemos que el Campo de Montiel —ni ningún rincón rural— se apague.
Es el alma de España, y el alma hay que cuidarla, no dejarla morir.

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