Tras una larga noche de trabajo, cuando el mundo comienza a desperezarse y los primeros rayos del amanecer acarician caminos y puentes, los Reyes Magos emprenden el regreso. Sus camellos avanzan despacio, cansados pero serenos, llevando consigo el silencio de las casas dormidas, la ilusión cumplida y miles de sonrisas que ya no ven, pero saben que existen.
Melchor, Gaspar y Baltasar dejan atrás pueblos y ciudades, sabiendo que su misión se ha cumplido un año más. Las luces se apagan, los pasos se borran con el tiempo y la magia se repliega, paciente, hasta volver a despertar dentro de doce meses.
Según la tradición, cada uno toma rumbo a su tierra de origen:
Melchor regresa a las lejanas tierras de Persia, Gaspar pone rumbo a la mítica India y Baltasar vuelve hacia África, a los reinos de Arabia o Etiopía. Allí descansarán, esperando que el tiempo vuelva a marcar la noche en la que, una vez más, el mundo necesite creer.
Hasta el año que viene, Majestades. El camino os espera… y también nosotros.
Foto: Puente de la Virgen en Villanueva de los Infantes, Juan Rivas.
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