Se acabó la Navidad, y con ella, ese fenómeno sociológico tan entrañable como sospechoso: los mensajes de gente que, misteriosamente, vuelve a hibernar hasta diciembre del año que viene.
Adiós a los “felices fiestas, aunque no hablemos nunca”, a los audios eternos reenviados veinte veces y a los textos copiados y pegados con tanto cariño como prisa. Hoy esas mismas personas regresan a su estado natural: el silencio absoluto, como si WhatsApp hubiera vuelto a ser de pago.
Durante unos días te llamaron “amigo”, “crack” o incluso “familia”. Hoy, si te cruzan por la calle, igual no te reconocen sin gorro de Papá Noel. Pero tranquilos, no es olvido: es planificación a largo plazo. Te volverán a escribir… en diciembre. Con el mismo mensaje. Literalmente el mismo.
La Navidad se va llevándose luces, polvorones y falsas promesas de quedar para un café. Quedan las conversaciones reales, las de siempre, las que no necesitan villancicos para existir. Y eso, mira tú, también es un regalo.
Hasta el año que viene, queridos contactos estacionales.
Que tengáis un próspero silencio.
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