𝐋𝐚 𝐈𝐠𝐥𝐞𝐬𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐒𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐃𝐨𝐦𝐢𝐧𝐠𝐨, 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐢𝐞𝐝𝐚𝐝 𝐲 𝐞𝐬𝐩𝐢𝐫𝐢𝐭𝐮𝐚𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐛𝐚𝐫𝐫𝐨𝐜𝐚 𝐞𝐧 𝐕𝐢𝐥𝐥𝐚𝐧𝐮𝐞𝐯𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐈𝐧𝐟𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬.
La Iglesia de Santo Domingo se alza en Villanueva de los Infantes como uno de los ejemplos más representativos de la arquitectura religiosa barroca del Campo de Montiel. Levantada en el siglo XVII, su construcción responde fielmente a las directrices emanadas del Concilio de Trento, que buscaban templos claros, ordenados y perfectamente orientados a la predicación y a la participación del fiel en la liturgia.
El edificio presenta planta de cruz latina, con una sola nave amplia y luminosa, un crucero de brazos muy cortos y tres capillas laterales a cada lado, integradas con naturalidad en el conjunto. La nave principal se cubre con una elegante bóveda de medio cañón con lunetos, reforzada por sólidos arcos fajones que descansan sobre pilastras de orden dórico, aportando una sensación de equilibrio y sobriedad clásica. En contraste, las capillas laterales se cubren con bóvedas de crucería, recurso que introduce un interesante diálogo entre tradición gótica y lenguaje barroco.
El presbiterio, elevado de forma deliberada para focalizar la atención de los fieles, está presidido por un notable retablo barroco con columnas salomónicas, rico en movimiento y simbolismo. En su centro se venera la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, obra del escultor sevillano Antonio Illanes, una talla de profunda expresividad devocional. A ambos lados lo acompañan las imágenes de la Virgen de la Soledad y San Juan Evangelista, configurando un conjunto de gran fuerza espiritual. Coronando el retablo, se conservan interesantes frescos con escenas relacionadas con la vida de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores, cuya presencia marcó de forma decisiva la historia del templo.
A los pies de la iglesia se sitúa el coro, apoyado sobre una bóveda de crucería. Destaca especialmente su baranda, decorada con balaustres torneados y pequeños pies derechos con mútilos. Parte del coro se proyecta hacia la nave en forma de balcón, sostenido por canes lobulados y jabalcones metálicos, un recurso arquitectónico tan funcional como decorativo. El tramo superior y el sotocoro muestran los símbolos y la heráldica de la orden dominica, entre ellos los característicos perros con hachones encendidos, clara alusión al papel de la orden como “guardianes de la fe”.
Sobre la clave del arco que cierra la iglesia por los pies puede leerse una cartela con la fecha de 1627, considerada tradicionalmente como el año de finalización de las obras, lo que sitúa al templo en un momento de plenitud artística y religiosa de la localidad.
Entre las capillas laterales sobresalen varias de especial interés. En el lado izquierdo, la capilla de las Ánimas, fundada por la familia Ballesteros, se distingue por el uso del orden corintio en las pilastras de acceso y por una cuidada decoración de rosetas y puntas de diamante en el intradós del arco, además de una notable heráldica en el frontal del altar. En el lado derecho destacan la capilla del Ecce Homo, patrocinada por el Duque de San Fernando, y la capilla de la Virgen del Rosario, fundada por la familia Bustos, ambas testimonio del mecenazgo nobiliario y de la intensa religiosidad de la época.
Vinculada históricamente al antiguo convento dominico, hoy desaparecido, la Iglesia de Santo Domingo permanece como un espacio de recogimiento y memoria, donde arquitectura, arte y fe se funden en un discurso sereno y armónico. Su interior, austero y solemne, invita al silencio y a la contemplación, convirtiéndola en una de las joyas patrimoniales más singulares de Villanueva de los Infantes.
Nota del autor:
Este artículo tiene un carácter divulgativo y nace con la intención de poner en valor el patrimonio histórico y artístico de nuestro Campo de Montiel. Si existiera algún error, imprecisión o aspecto que deba ser corregido o ampliado, agradeceremos que nos lo hagan saber para poder rectificarlo. No soy historiador ni experto en estas maravillas de nuestra tierra, sino un apasionado de su historia y de la necesidad de darla a conocer.
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